Las tablillas de chocolate de doña Rosita, en Sinanché.

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Telesur

“Y, ¿cuánto le debo por estas tablillas?”, cuestionó el gobernador del estado, Mauricio Vila Dosal, a doña Rosita (Ayala Villanueva), fabricante de tablillas de chocolate caseras en el municipio de Sinanché.

“Nada, respondió la octogenaria”, se las entrego para que usted pueda disfrutar de las tradicionales tablillas de doña Rosita de Sinanché.

Con más de medio siglo realizando esta labor, la mujer de 80 años entregó al ejecutivo sendas bolsas de papel con varias piezas del dulce.

Herencia de su madre, doña Rosita conoció el método para preparar las tablillas de tal forma que se ganó  el corazón y el gusto de muchos yucatecos que habitan en diversos municipios del estado.

La presencia del gobernador se llevó al cabo después de realizar una visita de supervisión de la aplicación de la segunda dosis de vacunas contra el COVID-19 en adultos mayores de 60 años, en la Unidad Médica Rural (UMR) del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) del municipio de Sinanché.

“Doña Rosa, ¿cómo está?, mare, usted es famosa al igual que las tablillas de chocolate. ¿Cómo las vende, una por una o paquetes?  —preguntó Vila Dosal al ingresar al lugar donde  Rosa Alberta tomaba fresco para aliviar el calor acompañada de su esposo Wilbert Fernando Sánchez Osunza y su hijo Wilbert, también parte del equipo de producción y venta del dulce casero.

“Las vendemos por pedidos que nos llegan de Yobaín, Motul e incluso en tiendas de Mérida donde venden artesanías”, aseguró Wilbert Fernando hijo, quien es el encargado de las ventas y gran parte de la producción de este antiguo negocio familiar.

Doña Rosa Alberta comentó al jefe del ejecutivo que desde que tenía 8 años de edad aprendió el método de preparación de su madre, quien con cuidado y amor las preparaba para también venderlas en Sinanché o localidades cercanas por lo que ella decidió continuar el negocio con demandas de hasta 900 tablillas.

Ahí mismo, el gobernador preguntó sobre la hamaca que se encontraba colgando del urdidor, a lo que Ayala Villanueva respondió que las realiza en su tiempo libre, pero no para la venta, aclaró, sino para regalarlas entre sus familiares.

“Mis nietas tienen una lista de espera porque cada vez que termino de urdir una hamaca, ellos me preguntan si la siguiente será para ellas. Siempre encuentro el tiempo porque no lo hago con prisas, en cinco meses puedo sacar una hamaca grande. Aparte de eso también soy rezadora”.

“Entonces, le voy a pedir que rece por mí, mi familia y por una amiga que se encuentra en una situación médica muy delicada. Ahí se la encargo porque con sus rezos nos va a ayudar mucho”, recalcó Vila Dosal antes de despedirse, alentar y agradecer a la familia por las tablillas de chocolate y la atención.

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